Más que una golosina: Anatomía de una obsesión argentina
Imagina dos discos tiernos que se deshacen al contacto con el paladar, abrazando un corazón generoso de dulce de leche y sellados por una capa crujiente de chocolate o una lluvia suave de azúcar glas. El alfajor no es simplemente un dulce; es la arquitectura perfecta del placer cotidiano en Argentina.
Más allá de sus ingredientes, esta pieza de repostería representa un fenómeno cultural transversal. No importa la edad ni la clase social: en Argentina se consumen 70 alfajores por segundo. Es el combustible nacional. Si bien los kioscos despachan millones de unidades industriales al día, la verdadera magia reside en su versión artesanal.
El Secreto de la Masa: ¿Maicena o Chocolate?
Antes de ensuciarnos las manos con harina, debemos decidir nuestro destino. Aunque el alfajor de chocolate es el rey del kiosco, el de maicena es el monarca del hogar argentino: esa textura arenosa que se deshace y el borde de coco son, sencillamente, imbatibles.
Los Tres Mandamientos del Alfajor Perfecto
Para que tu receta pase de "intento" a "obra maestra", ten en cuenta estos pilares:
1. El Dulce de Leche: Debe ser exclusivamente repostero. Si usas el familiar, el relleno se escapará por los costados debido a su falta de consistencia.2. El Reposo: La masa de los alfajores no se amasa, se une. Y, sobre todo, necesita frío. Una masa fría garantiza que las tapas no se deformen en el horno.
3. La Maduración: Aquí está el secreto que pocos cuentan. Un alfajor está mejor 24 horas después de armado. Ese tiempo permite que la humedad del relleno migre a la masa, creando esa textura amalgada única.
Más que un postre, un abrazo
Sostener
esta receta original en mis manos es emocionante. Pertenece a la abuela
de mi esposa y es la prueba física de que la cocina es el lenguaje del
amor. Estos alfajores de maicena no buscan la perfección de una
pastelería moderna; buscan la calidez de lo hecho en casa, de lo
artesanal, del 'horno moderado' y la paciencia.
Hoy
abrimos el recetario familiar para compartir con vosotros el secreto de
los alfajores más suaves y llenos de historia que probarán jamás.
Ingredientes (Para unos 60 alfarjocitos con un cortador de 3 cm)
320 gr de harina de maíz
180 gr de harina de repostería
200 gr de azúcar glass
150 gr de mantequilla a temperatura ambiente
1 cucharadita de levadura química
2 yemas
1 clara
La ralladura de un limón
1/2 cucharada de brandy o coñac
Para el relleno:
300 gr de dulce de leche
100 gr de coco rallado
Azúcar glass para espolvorear
200 gr de azúcar glass
150 gr de mantequilla a temperatura ambiente
1 cucharadita de levadura química
2 yemas
1 clara
La ralladura de un limón
1/2 cucharada de brandy o coñac
Para el relleno:
300 gr de dulce de leche
100 gr de coco rallado
Azúcar glass para espolvorear
Elaboración paso a paso
El batido inicial: Se bate la manteca con el azúcar hasta que esté cremosa.Integrar líquidos: Se le agregan la yema y el huevo batiendo bien; después se añade la cáscara rallada de limón y el brandy o ron.
Los secos: Se tamizan juntos la maicena, la harina y el Polvo Royal.
Formar la masa: Se mezclan los secos a la preparación anterior, colocándola sobre una mesa enharinada. Se une muy suavemente para formar una masa (sin amasar de más) y se deja reposar ½ hora.
Estirar y cortar: Se estira la masa dejándola de ½ cm de espesor y se corta con un cortapastas redondo. En mi caso con uno de 3 cm para que queden como bocaditos.
Horneado: Se colocan en una chapa (bandeja) enmantecada y se cocinan en horno moderado durante 12 ó 15 minutos.
El secreto de la abuela: Deben cocinarse sin tomar color (deben quedar blanquitos).
Armado: Una vez fríos, se unen de a dos con dulce de leche. Con ayuda de un cuchillo, se les pone un poco de dulce alrededor y luego se pasan los bordes por coco rallado.
La receta original enfatiza unir la masa 'muy suavemente', ese es el truco para que se deshagan en la boca.










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